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¿LLEGAREMOS A ITU ABA?

a Juampi

1- Tengo dos ratones. Leopoldo le trae de su jardín una margarita a Rosita, quien está llorando, porque la que ella tenía se la había robado el Zorro cantor. Cuando Leopoldo empieza a hacer el pozo con su pala mágica, lo hace con tanto ímpetu que desaparece de la superficie, y sigue hacia abajo. Entonces, Rosita pregunta:
- Leopoldo ¿dónde está?
Y Leopoldo contesta:
- ¡En la China!
Y todos se ríen.
Esto me hizo pensar mucho lo que en dos oportunidades habían intentado en mi casa Sandro y Juampi; era algo que todos, una vez, al menos, habían intentado hacer: un pozo a la China.

2 - Yo tuve la culpa. Un día, mi sobrino Sandro y mi hijo Juampi me preguntaron:
- Si hacemos un pozo desde acá, derecho hacia abajo ¿a dónde llego?
Yo pensé un segundo y, sin dudarlo, contesté:
- A la China.

3- Cuando Rosita escucha la respuesta y todos se ríen, ella grita: ¡Se podía, chicos, se podía!
Ese es el descubrimiento, que más allá de los esfuerzos incesantes de cavar un pozo durante años, un poco cada día, si la vida me alcanzara, llegaría a la China. Más allá de la lava ardiente, de las furiosas explosiones estomacales del planeta, de los espantosos abismos ocultos, cordilleras de volcanes gigantescos en constante erupción, si fuera posible atravesarlos sin quemarse, llegaríamos a la China, una tarea que, para los hombres sensatos y cautos de este mundo, los sabelotodo, es sólo un sueño de niño, una quimera imposible, algo que suele desacomodar las tibias certezas de sus hogares.
Julio Verne, ese niño que lo único que hacía era imaginar, ya lo había pensado.
El pozo a la China es algo que está metido en la cultura ancestral del hombre. Como el libro, se me ocurre, un objeto de cartón y papel con letras impresas, que sí puede llevarnos a otros mundos sólo con abrirlos y buscar en ellos, y sufrir o reír con las peripecias de Raskolnikofff, o con un poema de Roberto Juárroz: “tiene razón; es así”.
Internet no pudo con los libros, aunque lo más lógico hubiera sido que el libro desapareciera para siempre. Sin embargo, cada vez hay más editores-poetas que construyen con papel y cartón sus propios libros de tiradas diminutas y las distribuyen de mano en mano en busca de esa llave que los lleve a esa puerta que abra al corazón de un lector, que vibre en la misma cuerda que él, ese hermano. Y cada vez hay más libros: nada reemplaza a esa lámpara de Aladino que cabe en el cuenco de las manos, en la apertura de los ojos, que puede hacernos cambiar la vida para siempre.
Cada pozo a la China está en la posibilidad de encontrar otros mundos a través de un esfuerzo constante diario. Cada ser humano de Vancouver, o de San Rafael, cada ser que camina por ese andén del tren de Estación Banfield, atestada de otros seres, cada uno de ellos, debe (debe) buscar y encontrar su Pozo a la China.
Vivimos para eso. Para saber cuál es el que nos corresponde.

4- Inmediatamente buscaron la pala, la azada y, con percepción de alquimistas, buscaron el lugar preciso donde empezar el pozo.
Se miraron: era allí.
Y allí estuvieron horas de aquel día, cavando, cavando, sacando tierra. Eran exploradores de un mundo nuevo: mientras cavaban pergeñaban qué cosas harían al llegar, cómo harían para hacerse entender, porque allí nadie hablaba el español y ellos no sabían ni un comino de chino. No importaba.
-¿Y cuándo llegaríamos?
- Esta noche.
Juampi pensó un poco y le dijo:
- Si no llegamos hoy, la seguimos en la próxima.
Mi hermana llamó a Sandro para decirle que tenían que volver a su casa. No se saca así de su tarea a dos exploradores que podrían cambiar el destino de la humanidad.

5- Un día, los niños se me perdieron.
Sandro y Juampi seguían siendo Sandro y Juampi, pero ahora tenían 22 años y no sé cuándo llegaron a ser estos hombres altos, flacos y sabios.
Juampi es músico, cantante, titiritero, dibujante. Sandro es estudiante de Bellas Artes, músico, guitarrista, y compone bellos lienzos que cuentan historias.
Nunca abandonaron la barca que los lleva y los trae de sus 8 años.
No sé cuándo llegaron, pero llegaron. Creo que ellos todavía no lo saben. O sí – me dije- hasta que ocurrieron dos cosas: para uno de sus recientes cumpleaños, Juampi le regaló a Sandro la foto de los dos haciendo el pozo. Y Sandro, como tributo a la proeza, hizo un cuadro.

6- Esto ya fue estudiado: si hacemos, desde donde yo vivo, Alejandro Korn, un pozo derecho hacia abajo, incansablemente, durante 12.000 km. llegaríamos a una de las cientos de islas que hay en el mar oeste de China. Hay más de 200 islas y arrecifes identificados en este mar. La mayor de estas islas es Itu Aba, que tiene 1,5 km de largo y una altura media de 3,8 m.

7- ¿Llegaré a Itu Aba? - me pregunto.
Me respondo que de nada serviría llegar solo.
Tendría sentido si llegara con mi familia. Después, con todas las personas que amo, los hermanos de la iglesia, los locos del banfileño, los que alguna vez dejaron todo para salvar a otro. Son miles.

8- - Tío, mirá. Llegué.
- ¿A dónde?
Y ser rió antes de traer su cuadro, su collage de fotos y fondos. Se rió como ocultando el valor de lo que me estaba mostrando. Los chicos creen que nunca llegarán, cuando ya es notable que ya lo hicieron… Yo mismo creo que no llegaré nunca, cuando ya lo hice.
En su cuadro estaba esa respuesta.
Nunca lo olvido.
Aunque alguien me obligue alguna vez a quemarlo, allí esta: nadie lo puede matar.

por Alejandro Seta. Ilustración de Sandro Seta.

Ilustración de Sandro Seta haciendo un pozo
Alejandro Seta
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