DÍA 4: El padre del Monstruo a 4 voces | Alejandro Seta
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DÍA 4: El padre del Monstruo a 4 voces

7 de octubre de 2026•Graciela Brugnaro, Raquel Wapner, Cristina Ledesma y Alejandro Seta

Después de sentarnos a corregir el texto alocado que teníamos, dentro del Taller de Escritura La Rosa Invisible, y respetando la manera de cada una de las voces: anulamos repeticiones, cortamos fragmentos innecesarios, determinamos personajes y le dimos coherencia, este es el resultado, hasta ahora, de un cuento largo del cual ya sabemos el final. Hacia allá vamos.

DÍA 4: El padre del Monstruo a 4 voces

El padre del Monstruo era camionero. En una sobremesa, después de tomarse dos botellas de vino tinto, contó el chiste que hacía cuando estaba aburrido. Iba por la ruta con un auto detrás que no se animaba a pasarlo. Era un matrimonio joven y dos niñas. Entonces él le hace dos señas con el guiño trasero para indicarle que no viene nadie de frente y que lo puede pasar. Una amabilidad de la ruta. Y el conductor del auto empieza a pasarlo. Otro auto viene de frente, el padre del Monstruo acelera, el camión es largo, el padre de las niñas se desespera, acelera más, para pasar al camionero, quien acelera, el otro auto que viene de frente está muy cerca, el que lo está pasando trata de frenar, ya no tiene tiempo; el padre del Monstruo mira por el espejito el resultado de su hazaña, ve cómo los pedazos de autos explotan, uno rueda hacia la banquina, los dos se prenden fuego.

 

 

El Monstruo estaciona casi sobre la vereda del prostíbulo.

En sus ojos veía sangre y se le notaba una sonrisa perversa

Entra pateando el recibidor y le dice a Germán: ¿Qué pasa, no puedo ausentarme unas horas  que ya hay líos?. ¿Para qué te puse a regentear el lugar? ¡Inútil, Pánfilo!

¿A cuántos se llevaron?

A sesenta -contesta Carolina, quien recibe un cachetazo,.

-¡Pero, señor, usted preguntó!

- ¡A vos, no!. Para eso sos mujer, para callarte ¿o trabajas de literata? -con una carcajada.

¡Esto lo arreglo yo!  ¡Germán, inútil, dame las llaves de la caja fuerte, que me voy a la comisaría. ¿Qué tal Ordóñez? ¿No habíamos quedado que no nos invadíamos los terrenos? Es el inspector regional ¡aumentó el bono! ¡Ah! aumentó el bono; bueno, entonces yo le voy a bajar la calidad del servicio,

Mejor pásame a mí con Gutiérrez.

¿Qué haces Satanás? te habla el Monstruo, no jodas conmigo porque si me exprimís sale sangre con vino ¿y quien quiere soñar con un monstruo, no? ¡nadie!. Bueno, todo arreglado.

Perfecto.

-¡Ah! ¡Auto nuevo! Bueno, ¡bueno!. Cuidado con los camiones en la ruta.

(Mientras, sus ojos se enrojecen y se refriega las manos).

 

 

“Cuando sale del garito, allí donde se hizo socio de jueces y comisarios, bandidos y políticos, asaltantes de banco y de bellas mujeres, vuelve con el camión al lugar del accidente. Los autos están humeando. Baja. Sabe que nadie lo vio y está a salvo. Pasa por un curioso más, pero ve que están subiendo a la ambulancia a un nene, un nene de ocho años, un desconocido para él, pero sabe que ese será su hijo. Se lo propone en ese momento, todo lo que se propuso siempre lo logró, ahora le viene este regalo. Toma el celular, le tiemblan los dedos, siente una especie de felicidad feroz como si fuera un santo en pleno delirio cósmico, lo atiende una voz somnolienta, insulta al aire, se había equivocado, llama otra vez.

-          Con el juzgado?

Su voz tiembla como un desdichado que está al borde del patíbulo.

-          Dame con el jefe. ¿Qué hacés, Tarambana? Me tenés que ayudar: hubo un accidente y hay un nene que quedó solo y vos sabés que yo no tengo hijos…

 

 

El padre del monstruo desciende hasta su casa. Ella lo había elegido porque era rubio y ojos claros: quería tener hijos bonitos. Pero ni se había dado cuenta con quién o qué cosa se había casado. Se había dejado arrastrar por el arrastre, como un río que lleva piedras y el agua no es agua.

Entra como si entrara a un escenario, no a una casa. Recuerda lo que había pasado en la ruta como si le hubiese pasado a otro. Trae a un chico de la mano, un chico desconocido. Pero a ella no le dice nada, solo pasa un dedo por el mueble del televisor y lo levanta lleno de polvo. Se lo muestra.

Hacía solo seis meses que vivían juntos y todo se había convertido en un infierno. El teatro se desmorona, el telón nunca baja. Es que ella no sabe con quién vive, todavía.

 

AMORES MONSTRUOSOS

Todo era mi amor mi amor. Flores el día de la mujer, tortas fritas los días lluviosos, también muchos no puedo mi vida.

A veces pensamos que veinticuatro horas no nos alcanzan en el día, pero el monstruo sabía multiplicar por dos. Y podía incluso narrar cómo le dio el asiento al renguito o esa limosna al pobre roñoso.

Tal vez no tenía tanta presencia física en su hogar, pero los mensajitos dulzones no faltaban nunca. “Ah, pero que nadie se meta con los míos porque ahí no se lo perdono” -decía en sus arranques de devoción familiar.

A medida que los hijos iban creciendo les narraba sus hazañas machas. Sus robos al tonto descuidado, o sus estafas al viejo que para qué quería la plata.

 

 

No sé qué pasa acá.

Mi mamá no está, mi papá tampoco.

Ni mi hermanita. Porque yo soy el mayor, pero somos cuatro en mi familia.

Ni sé por qué estoy en este lugar que debe ser un hospital, porque el de guardapolvo blanco es un doctor, seguro, y la de conjunto celeste debe ser una enfermera.

¿Pero yo estoy enfermo?

Me trajeron agua y me dijeron si tenía hambre y sí que tengo, pero quiero comer en mi casa.

Ahí vi un policía. ¿Un policía?

Me da miedo que haya un policía. ¿Y mi mamá?

¿Y ese hombre que llega corriendo y me dice campeón? Como si me conociera. Ahora vengo y te traigo ropa, campeón. Ora vez campeón. Quedate tranquilo que yo te cuido. Yo no sé qué preguntar, y no lo conozco.

-       Doctor ¿dónde están mi mamá y mi papá? ¿Y mi hermana? ¿No íbamos

en el auto nosotros?

 

A CASA

Él está por entrar a la casa con el niño agarrado de su mano. Se detiene un momento, se agacha y le dice: - Secate esas lágrimas -mm, mejor no, lo hace papi, y a secarse los mocos.

- Pero vos no sos mi papi.

- Shhhhh, papis hay muchos. Ahora te toca conocerme a mí (se refriega las manos mientras piensa: este es oro en polvo).

Entra a la casa gritando: “¡Acá llegó papá!”

¡Querida! ¿a qué no sabés lo que traje? (Ella entra corriendo) ¡Nuestro hijo varón!

Pe pe pero…

¡Pero nada!, ya sabes de mis in-flu-en-cias: ya es nuestro hijo.

Ella empalidece, se le caen los brazos y mira al nene con tristeza.

El niño, con sus ojos húmedos, no sabe que hacer.

Sentada, mira con recelo, él la mira de forma penetrante y, entre dientes, le dice: “¡no me busqués!”.

Bueno, familia, a dar gracias a Dios por nuestra comida. El nene traga saliva.

¡Si ya terminaste, levantá tu plato, tu vaso y lo lavás!!

Asintiendo, presiente que las cosas no van a funcionar bien en ese hogar.

Siente que alguien lo quiere cerca, que su padre, el de ahora, con un gesto le comunica que se acerque.

Todo es nuevo para él.

¡A dormir todos! Ahora voy por vos, hijo. 

¡Vos no sos mi papá, él manejaba el auto! Y tú camión…

 SHHHHH -con mirada penetrante-. ¿Alguien más quiere oponerse

Vení al cuarto, mujer, que tenemos que hablar. Dame la libreta de matrimonio que vamos a inscribir al niño.

Pero ¿por qué? Yo no lo adopté ¿de donde salió? Pobrecito ¿qué hiciste esta vez? ¡Te conozco!

¿A quién le levantás la voz?- le dice mientras la agarra del cuello. -¿Ya te olvidaste de dónde te saqué? ¿Querés volver ahí? No serviste ni para darme un hijo.  Traé la libreta que del varoncito me encargo yo; sí, señor.

Buenas noches, hijito, yo voy a ser super papá, porque soy súper poderoso.

Pero ¿y el mío? _

Está en una experiencia planetaria al igual que tu familia.

Conmigo podés llegar a tener experiencias extra galácticas , cohéticas, aviónicas, podemos ir de Salta a Marte y de ahí a Japón y de ahí a otra galaxia, la que quieras, y todo en minutos.

Ayyyy, me corté el dedo y vos tenés sangre todavía; dale, genio, unamos nuestra sangre. ¡Esaaaa! ahora somos uno y la sangre llama a la sangre.

Vos pedí lo que quieras y yo te lo otorgo.

Quiero que mañana vayamos en cohete a ver a mi familia.

Mientras, el padre del Monstruo entorna la puerta y susurra por lo bajo: por ahora es ingenuamente bobo.

 

 

Ella piensa: otro lugar más en la casa, otra silla, otro plato, otra cama, otra atención.

Los días se van sumando.

La madre no lo mira con buenos ojos, ni siquiera con la ternura de mujer.

Muchos pensamientos se le cruzan por la cabeza: ¿será hijo de él con otra?

Esta idea la atormenta, la enoja.

¿Y vos que haces ahí mirando? ¿Por qué no hablas?

Trata de mejorar el desalineo del pelo y de su delantal con las manos.

Por más fuerte que quisiera demostrarse, los ojos pequeños, azules, del nene,   se ven humedecidos.

Sobre Nosotros

Alejandro Seta

No soy más que el vagón de un tren que en la década del sesenta se tambaleaba, llegando, sobre ese río a orillas de la ciudad de Necochea. Los primeros acordes de la música de Piazzola me vuelve a llevar a quién soy. Las palabras de mi abuela Sara, un libro encontrado por azar, Cris, la escritura tambaleante, mis hijos, el descubrimiento de Dios.

Acerca de Mí

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