En aquella colección, el nombre del autor figuraba chiquito en la contratapa: sin embargo, sus lectores, que entonces éramos niños o adolescentes, lo recordamos siempre por su forma desenfadada de contar las versiones como si estuviera jugando a la pelota.
Discípulo de Rabelais, su lenguaje es el del porteño y transmite aquella manera de hablar en Buenos Aires...seguir leyendo en
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No soy más que el vagón de un tren que en la década del sesenta se tambaleaba, llegando, sobre ese río a orillas de la ciudad de Necochea. Los primeros acordes de la música de Piazzola me vuelve a llevar a quién soy. Las palabras de mi abuela Sara, un libro encontrado por azar, Cris, la escritura tambaleante, mis hijos, el descubrimiento de Dios.
Acerca de Mí