OBRA PARA DOS PERSONAJES EN UN ACTO.
ESCENA 1
Ambos personajes (UNO y DOS) unidos a la espalda, por un saco en común, pasan entre el público mirando hacia uno y otro lado. Suben al escenario, al llegar giran y UNO queda frente al público, (de ahora en más se irán rotando a medida que deban hablar, sosteniendo sobre su rostro una máscara azul de expresión neutra).
(Salvo indicación en contrario todos los textos deben decirse con la máscara sobre el rostro).
- UNO: No llegué aquí para confesar inocentemente la desgraciada suerte de un ser que sangra y brota, muere y vuelve a nacer como yo. (Giran).
- DOS: ¿Quién golpea a mis espaldas un saludo que no comprendo?. ¿Quién me habla en otro idioma?. ¿Quién agita las notas de una comparsa lejana? (Giran).
- UNO: No voy a contarles tampoco la suerte de un hombre que ocupa su paso en el mundo en dar otros pasos que jamás comprende. ¡No! Es al amor a quien debo el mayor paso, el último peldaño de esta escalera. (Giran).
- DOS: ¿Quién me habla? (Giran).
- UNO: ¿Quién me habla? (Giran).
- DOS: ¿Quién me habla?
- UNO y DOS: (Girando). ¡Quiero salir!
(Tironean para despegarse uno del otro y vuelven a gritar. Se sacan el saco y se ven. Cuelgan las máscaras azules de un hilo invisible y el saco en común en el centro del escenario. Al mirarse se sorprenden de ser ellos y uno comienza a correr al otro alrededor del saco y las máscaras. De pronto se detienen. Se escucha el fragor leve de un sonido siniestro. El sonido cesa. Ambos, entonces, sienten una profunda angustia y lo disimulan y la apaciguan mimándose).
- UNO: Se me rompió la media.
- DOS: (Muy preocupado). ¿La media?.
- UNO: La media... (se la muestra).
- DOS: La media... (se ríen).
(Vuelve a escucharse el sonido y se abrazan. Entonces sacan con premura, de una caja, máscaras blancas con piolín, se las ponen. Cambian. Son otros).
- UNO: (se toma la barbilla pensativo. Luego, señalando al público, se coloca la máscara con mango, y con tono grandilocuente dice). La excelencia en la construcción semántica garantiza en casi un cien por ciento el rédito económico a corto plazo. Ejemplo, nuestra empresa (cambia el tono y baja la máscara, como sincerándose) de la cual por otra parte no soy más que un empleado (se coloca la máscara, retomando la grandilocuencia) desea brindarle un servicio imprescindible que se ajuste a sus necesidades reales (corriendo la máscara, malicioso) que entre paréntesis nosotros fomentaremos (nuevamente se coloca la máscara, retomando el tono inicial) y sus posibilidades de desarrollo y ascenso, etcétera, etcétera... (Mientras DOS habla, repite esta palabra)
- DOS: El hombre construye un universo de palabras y silencios, que encubren el mundo, pero sólo permite aflorar a la poesía cuando habla con su propia voz; cuando habla de sí a través de sus actos.
- UNO: El buen trato consolida el vínculo entre la necesidad del cliente (retirando la máscara, malicioso) que por otra parte siempre tiene razón (retoma la postura) y la posibilidad de respuesta del oferente, (apurándose) o sea esta gran familia que es nuestra empresa, (más rápido) que a través de años de tesonero esfuerzo ha sabido ganarse un lugar en este difícil mercado, etcétera, etcétera... (baja la máscara y se queda pensativo unos segundos).
- DOS: (como si hubiera comenzado hace rato, continúa recitando) ...y aunque la rama más alta, en la proximidad con el cielo, lo ignore, es la raíz oculta bajo la tierra la que alimenta su esplendorosa luminiscencia (se interrumpe, como si se hubiera olvidado una parte, luego sigue) ...y el poderoso tronco que la sustenta soportando los rigores de la adversidad, alimentará la simiente que estallará en sabrosos frutos y flores que acrecentarán su belleza...
- UNO: Con los subordinados la cuestión es diferente; el trato debe ser firme y decidido; debe quedar en claro quién manda, (enérgico) pero por sobre todo debe quedar en claro... (breve pausa) que la jerarquía es incuestionable. (Apurándose). Porque la laxitud en el mando conduce a una promiscuidad operativa que atenta contra los supremos valores de etcétera, etcétera, etcétera.
(giran lentamente, sin detenerse).
- DOS: ...y en el verde esplendor de la mañana, las ramas estallarán en júbilo de trinos, que inundará las almas de los enamorados y hará que brille la quintaescencia armoniosa del ser supremo que anida en los corazones sensibles etcétera, etcétera, etcétera.
- LOS DOS: etceteretceteretcétera.
(Continúa la repetición de la palabra hasta que se va diluyendo mientras van dejando caer las máscaras azules y las cuelgan junto al saco).
ESCENA 2
(Sobre el lado derecho del escenario. DOS simula escribir a máquina. UNO permanece sobre el fondo del escenario).
- DOS: "...agrá decién dolé" (tipea) "des deyá susgés tionés" (mira el papel y tipea) "salú damós austed" (mira la hoja) "atén tamén tepún to" (saca el papel, mira a UNO que se acerca).
- DOS: (eficiente) Señor Rogers (UNO la mira) en su ausencia llamó el licenciado Techensky (UNO da unos pasos, distraído) para avisarle que no vaya a la sesión de esta semana (se levanta, tomando unas carpetas) porque tiene que concurrir a un congreso en Miami
- UNO: (como si estuviera pensando en otra cosa). Bien
- DOS: (se le acerca). ¿Bien?
- UNO: (como si recién la escuchara). ¿Decía?
- DOS: (caminando alrededor del escritorio). También llamó el arquitecto Menéndez-Garzábal. (UNO la mira sin prestarle atención).
Quiere que usted apruebe unos detalles que modificó en el loft.
- UNO: (distraídamente). ¿Qué loft?
- DOS: (impaciente). El que usted acaba de comprar, señor...
- UNO: (como si saliera de un sueño). Techensky... (se le acerca seductor).
- DOS: (nerviosa). Sí, lo llamó
- UNO: (mirándole el cuerpo). El loft...
- DOS: (queriendo zafar). Sss... sí, el arquitecto quiere que...
- UNO: (separándose un poco). Bien, bien, ¿llamó alguien más?
- DOS: (ansiosa). Nnn...no, no señor
- UNO: (Separándose más, y arreglándose la ropa). Marisa...
- DOS: (muy ansiosa). ¿Si señor?
- UNO: (camina, pensativo). Digameee...
- DOS: (curiosa). Meee...
- UNO: ¿Decía?
- DOS: Usted decía...
- UNO: (piensa). Ah, sí, dígame Marisa... ¿llamó alguien en mi ausencia?
- DOS: (fastidiada). No señor...nadie (se quedan mirándose, perdido cada uno en los ojos del otro).
- UNO: (reacciona, cruza el escenario corriendo y se pierde tras el cortinado; reaparece trayendo una escalera que planta con decisión en el lado izquierdo del escenario). ¡Marisa!
- DOS: (corre hacia él, interrogante). ¿Sí, señor?
- UNO: (ceremonioso, con las manos en la espalda, da unos pasos alrededor de la escalera). Vea, pues... (ella lo mira, ansiosa, mientras hablan, se desplazan alrededor de la escalera).
- UNO: que he decidido... (ella más ansiosa) bien, pues... que he decidido concederle un ascenso
- DOS: (incrédula). ¿No cree que sea peligroso? (ambos cambian el sentido de desplazamiento).
- UNO: (riendo, sobrador). Pero por favor, no hay nada más seguro (invitándola con el gesto) compruébelo (Marisa sube a la escalera con cautela y algo de temor).
- UNO: (anhelante). ¿Y bien?, ¿qué siente?
- DOS: (temblando). Miedo.
- UNO: (indignado, sube por el otro lado, repite para sí). Miedo... miedo (llega arriba, la mira) ¿miedo?.
- DOS: (temblando). Sssi...si (luz tenue).
- UNO: (le toma las manos, que Marisa tiene aferradas a la escalera, la hace soltar y cubre sus manos con las de él, mirándola con ternura) Marisa, no debe temer. (Ella baja la vista, ruborizada) Vamos, anímese, mire hacia abajo (ella mira con temor y curiosidad) ¿Ve? Allí están los demás; pero en cambio nosotros, estamos aquí arriba... ¡tán cerca del cielo! (simulando la luna, se enciende un símil de tapa de Coca-Cola, que en lugar de la marca de la gaseosa dice: DESTINO). Mire, mire Marisa (ella mira. El tiende la mano) es como acariciar los astros con las manos...
(La tapa se apaga, las luces suben, los dos bajan de la escalera, corren alrededor del perchero, se suben al cajón).
- DOS: Señor jefe, debo tener un trabajo, un trabajo seguro, bien remunerado, un trabajo lleno de órdenes para cumplir. Y un sello.
- UNO: ¡Ah! Eso es lo que tengo: un sello. Y papeles (Trae de la caja un gran sello y una enorme pila de papeles. DOS emite una risita estúpida y comienza a sellar. Cada vez que sella suena un golpe de bombo. Dos comienza a jugar con el efecto y realiza diversos ritmos hasta que amaga un golpe que no hace y el bombo igualmente suena. DOS se ríe. UNO entonces vuelve enojado, se detiene, levanta un brazo).
- UNO: ¡De pie! (DOS lo hace). ¡Siéntese! (lo hace). ¡De pie! (lo hace). ¡Siéntese! (lo hace). (UNO repite la orden muchísimas veces hasta que DOS deja de cumplirlas y mira cómo UNO con los ojos entrecerrados, emite las órdenes incumplidas. Lo invade un sentimiento de placer y sus órdenes ahora llevan el ritmo de la respiración en una relación sexual. Luego DOS mira con indiferencia como UNO cae a sus pies, rendido).
- DOS: Señor jefe...
- UNO: (agotado) ¿Sí?
- DOS: Acaban de informarme a través del conmutador de rayos láser que estoy despedida.
- UNO: ¿Despequé?
- DOS: Despedida. En verdad, estamos: cerraron la fábrica de sellos.
(UNO grita desesperado y [DOS ríe grotescamente mientras] giran como en la escena anterior alrededor de las máscaras, luego, el grito se transforma en risas y juega como al principio. Suena el bombo, un poco más fuerte. Al escucharlo se ponen el saco con desesperación y las máscaras azules. Respiran aliviados).
- UNO: (Al público). Porque es inocente ser inocente. Hubiera querido dar el último paso pero ya no tenía más peldaños, y la escalera era un alto precipicio de fuego, que me quemaba. Pero ¿acaso alguien prefiere el fuego al cómodo aullido del carro de bomberos? (Empieza a aullar como una sirena).
- DOS: (Girando). Porque pasé la vida haciendo gestos que otros no veían, diciendo palabras que nadie escuchó. Como el que, en una caverna remota de un lugar del mundo, ilumi-nó la palma de su mano en la pared, sólo deseo saber que mi vida es esa mano, esa caverna, los ojos del hombre que la mira. (UNO deja de aullar).
(Dejan las máscaras azules colgadas. Suena el bombo. Ahora más fuerte, y buscando de dónde viene el sonido se sacan el saco. Suena otra vez, se tapan los oídos).
- DOS: ¡No quiero escucharlo!
- UNO: ¡No quiero escucharlo!
(Se sacan las manos de los oídos con temor de que vuelva a sonar. De pronto UNO -sin siquiera mirarse el pie- se percata de que el agujero de su media se ha agrandado).
- UNO: (Trágico). ¡Y a mí se me ha agrandado el agujero!
- DOS: ¿Qué agujero?
- UNO: El agujero... (le señala disimuladamente el pie).
- DOS: (Riendo, divertido)] Ah... el de la media...
(Se abrazan temerosos y desconsolados. Repentinamente se desabrazan y DOS desata de un extremo del escenario un piolín transparente que, al tirar de él, hace subir y bajar la tapa con la palabra DESTINO. Lo hace al ritmo del movimiento de una barca sobre un mar apaciguado).
ESCENA 3
(Ambos, sobre el cajón, sacuden los brazos como queriendo llamar la atención).
- LOS DOS: Aquí, aquí. Auxilio (se desesperan) Auxilio, aquí, por favor, ayúdennos. Auxilio.
- DOS: (A UNO). ¡Capitán, Capitán! (UNO lo mira). ¡Capitán! allá a lo lejos veo que puedo intentar llegar a creer que tal vez comience a empezar a ver el astro buscado; el DESTINO, Capitán...
(UNO, repentino, se suma a la propuesta de DOS. Es el Capitán y se balancea con DOS como sobre una barca imaginaria. Mira a través de un catalejo que ha sacado de la caja).
- UNO: (Alegre). ¡Sí! es el astro. Sí, ¡por fin!. ¿Cuánto hace, Marinero, que estamos navegando?
- DOS: (Consulta mapas, brújulas y relojes imaginarios). Diez años, tres meses, cuatro días, dos horas, y veinte segundos... veintiuno... veintidós...
- UNO: ¡Diez años!... ¡Diez años desde que hemos perdido la patria!. Pero ¿qué ha sido la patria sino un montón de en-cuestadores, fabricantes de porcentajes? (se ríe). ¡Brutos asesinos de los sueños! (se ríe más).
- DOS: (Que no ha dejado de contar). Cincuenta y seis, cincuenta y siete, cincuenta y ocho, cincuenta y nueve... (rápido). ¡Diez años, tres meses, cuatro días, dos horas, y un minuto! (hace gestos como si tratara de atrapar los segundos que siguen sucediendo).
- UNO: ¡Deténgase!
- DOS: Estoy cazando segundos, Capitán.
- UNO: ¡Deténgase, dije!
(Silencio. En la quietud de la noche navegan al atisbo de que ocurra algo. DOS tira el hilo de un extremo y el DESTINO sube y desaparece de la vista).
- UNO: (En un respingo). ¡Marinero, Marinero, desapareció!
- DOS: (En complicidad con el público). Debe ser Dios, Capitán... (desata el piolín y el DESTINO baja).
- UNO: (Aliviado). No hay dioses, querido Marinero... (DOS tira del piolín). ¡Marinero, Marinero! (DOS desata el piolín. Uno aliviado). Ya lo decía; mi genio... (DOS tira del piolín. UNO tiembla). ¡Un momento!. ¡Detengan el barco!. ¡Las olas!. (Exageradamente). ¡Ahhhhhhhh!...
- DOS: (Sobrador y tranquilo en oposición a la conducta estrambótica de UNO). ¿Conoce, usted, Capitán la historia del país donde nadie se besaba? (al público, sin esperar la respuesta de UNO, quien se suma inmediatamente al relato, saliendo de su personaje).
- UNO: Un día, en un país lejano, rodeado por mares y montañas, se declaró una enfermedad mortal...
- DOS: (Cambiando). Los seres que la contraían se retorcían como si les hubiesen dado de beber hierro derretido, las lenguas se les convertían en mariposas muertas y la sangre era un río de agua apestosa...
- UNO: Morían de gripe, de sarampión, de piojos. Cualquier enfermedad era alimento para esa enfermedad, y todas las enfermedades eran pequeños afluentes de (enfáticamente) La Enfermedad, esa enfermedad misteriosa...
- DOS: indescifrable...
- UNO: hasta que un día...
- DOS: los científicos...
(Se convierten en científicos, inclinados de tanto inclinarse, sobre una mesa de investigación. Son viejos y ridículos).
- UNO: ¡Alto!
- DOS: ¡Alto! (Retrocede y golpea con el culo a UNO).
- UNO: ¿Qué ha encontrado, doctor?
- DOS: ¿Qué he encontrado? (Con estupor se pasea alrededor de la mesa imaginaria). ¡Mire ahí!
- UNO: (Mira el microscopio). ¡Oh!
- DOS: Después de haber investigado diez mil un casos de infectados he llegado a la conclusión de que (enfáticamente) La Enfermedad se contagia por... (se inclinan y cuchichean entre ellos de espalda al público. Al darse vuelta tienen puesto un barbijo. Ahora son pregones del rey).
- LOS DOS: (Bajándose el barbijo). Su majestad anuncia a la población que ha sido descubierta la causa de La Enfermedad. La Enfermedad, señoras y señores... (hacen con la boca el sonido del redoble del tambor). La Enfermedad... (redoble de tambor). se contagia por... (se suben el barbijo) ¡la saliva!. (Diciendo un poco cada uno). ¡Y todo aquel que besare, escu-piere, salpicare a otro u otra, estornudare en la vía pública, soplare sus mocos, mordisqueare comidas de otro, será con-denado a la pena de muerte!. (Redoble de tambor). Y será obligatorio el uso del barbijo (se retiran).
(Uno hace del cura y el otro del político).
- Cura: [(Bendiciendo al político arrodillado frente a él)] ¡Es un castigo divino!
- Político: [(Pasándole subrepticiamente un billete)] ¡Es divino!. ¡Ya ni siquiera podrán besarse!.
(UNO y DOS pasean con paso funerario y cantando una marcha fúnebre -no la famosa-, un ritmo mortuorio).
ESCENA 5
(UNO Y DOS manejan un par de labios rojos, gigantes, hechos con gomaespuma. Representan el terror que la noticia despierta en la población. Danzan al son de sonidos con matices místicos a la vez que sensuales y trágicos; posiblemente sonido de instrumentos orientales, como así también campanas, cuerdas, timbales, etc. Los labios se atraen y repelen mientras son sostenidos a la altura de la cara hasta que se abren dejando escapar un grito desesperado; se rehúyen a la altura del corazón y finalmente, colocados a la altura de la pelvis, se encuentran. En ese momento los personajes van bajando, hasta quedar de rodillas, y luego ruedan suavemente por el piso hasta quedar yertos con los brazos extendidos.)
(Se enciende el DESTINO, suena una sirena, DOS se incorpora a medias y llama a uno).
- DOS: ¡Capitán!, ¡Capitán!
(UNO se incorpora de golpe, sobresaltado).
- UNO: ¿Qué, Marinero?
- DOS: El Destino...
- UNO: Sigamos, Marinero, sigamos.
ESCENA 6
(Se incorporan mirando ambos al mismo punto: el DESTINO. Ahora se balancean. Sonido fuerte del bombo. Desaparece el DESTINO y empiezan a correr. Se ponen las máscaras).
- UNO: Todos estamos dentro de un agujero, somos el agujero, metidos en la media, y el agujero se agranda, se abre y caemos dentro de él hasta que somos nada. Y ese agujero se llama gusanos. Una vez ví pudrirse un trozo de carne: los gusanos vivían así sobre lo que somos. ¿Vienen de lejos?; no: vienen de nosotros, están. Pero nosotros no somos sólo los gusanos, ergo, nosotros no somos el agujero. Somos viajeros más lejanos.
- DOS: Siempre sentí una atracción especial por las estrellas, por esos cielos que sólo pueden verse en determinados sitios, donde las luces de las marquesinas no ocultan el lejano reflejo de los astros. Por eso siempre prefiero las montañas, los altos picos desde donde parece posible acceder a aquellas latitudes inexploradas.
Si bien todo indica que físicamente es imposible, nada puede impedir que el espíritu se aventure por un secreto sendero interior, pretendiendo alcanzar las cúspides del conocimiento. No es difícil intentarlo, sólo es cuestión de avanzar, sin detenerse, hasta perder por completo la noción del objetivo, hasta convertir a éste en el próximo paso y así de continuo, sin principio... sin final, como un eterno devenir hacia la nada; porque, a mayor saber, mayor parece ser lo que se ignora; y siempre está presente la tentación del abismo. (Cae, desplomándose).
- UNO: Si yo creyera que soy sólo miles de gusanos que se gestan de mí, que viven de mí, no esperaría un segundo en dejarme caer, desapareciendo, porque entonces la vida no tendría sentido. Y si la muerte está en nosotros cuando morimos tampoco dejamos de morir del todo y muchas veces la verdadera muerte está en las cosas que llamamos vida. En los rostros de los jueces he visto la muerte y muchas veces he visto la vida en el rostro de algún muerto que vive; y he visto la muerte en las manos de las muchachas desesperadas de amor que mata, más que en lo que todavía no existe, porque está más vivo que nunca.
(UNO queda de pie en el centro de la escena mirando al infinito...).
- DOS: (Incorporándose a medias, gateando, rodando). Entonces ¿cómo explicar lo que significa la terrible agonía de habitar una inexistencia sin límites?, ¿cómo explicar la insoportable soledad de las alturas desde el corazón de un vacío incontenible?. ¿Cómo poder contar que tuve acceso a la cima; que escalé, trepé, levité y por momentos sentí mi cuerpo suspendido en el centro del universo, atravesado por millones de estrellas?.
- UNO: (Con movimientos similares a los de DOS pero sin acercarse). Pero yo no soy sólo mi nombre ni mi cuerpo, soy también esta fuerza que me traspasa y actúa a pesar de mí porque si yo no existiera, las cosas igual ocurrirían, viajando. Instrumentos de la vida; herramientas para hacer y deshacer. Pero cuando dejamos de existir ¿qué queda?: esta luz que me habita y que me hace viajero de un vehículo invisible y sin límites.
(Se acercan al centro de la escena, al saco, arrastrándose, de espaldas y, dejando las máscaras azules, comienzan a ponerse los sacos).
- DOS: (Trata de levantarse, forcejeando). ¿Cómo transmitir esa sensación de ser lo absoluto, cuya duración tan efímera sería imposible medir en tiempos terrenales?.
- UNO: (Forcejea. Ambos se levantan). Voy a dar unos datos: el Universo observable contiene unos cien mil millones de galaxias y tal vez cien sistemas solares se forman por segundo. (Aumenta el forcejeo) ¡Ahora! ¡ahora! ¡ahora!. (Se separan cayendo hacia adelante y frenando la caída con las manos).
- DOS: (Desde el suelo). No sé. Sólo puedo decir que inmediatamente el abismo se había abierto bajo mis pies ofreciéndoseme como una boca turgente y cálida, como una sensual invitación a un encuentro ritual, íntimo y salvaje entre los labios de la eternidad. (Ambos se sacuden mientras se van incorporando, lentamente) Un aliento lúbrico y pavoroso comenzó a envolverme y sin oponer resistencia me sumergí en ese vaho que emanaba de las oscuras profundidades. (UNO queda de pie en el centro de la escena. DOS corre a su alrededor). Y así, tanteando entre las sombras, cada paso me internaba más y más en este laberinto. (Se agacha, mientras corre, buscando, desorientado). ¿Qué camino seguir? ¿qué huellas buscar, en un suelo que jamás nadie ha pisado?.
- UNO: (Sigue con la mirada a DOS). ¡Ahora! ¡ahora! ¡ahora!. (DOS lo mira) Entonces ¿de dónde tanta importancia? ¿qué nos queda desde nuestra inmensa pequeñez, en nuestra pequeña inmensidad?.
- DOS: (Sigue con su desplazamiento, mirándolo a los ojos). Pero sé, que tarde o temprano, en cada muro, aparece una grieta, y por ella se filtra el aire y la luz que indican el afuera, y en el afuera los otros, esas otras existencias que determinan la nuestra; y cada una de ellas con el enigma de un universo recién nacido...
- UNO: (Señalando aternativamente a la izquierda, fondo y derecha del escenario). ¡Ahora! ¡ahora! ¡ahora!. (Señalando al público). ¿De dónde tanta importancia?
- DOS: (Se detiene a espaldas de UNO, mirándolo). ¿Quién preferirá, entonces, la fría y húmeda seguridad de las catacumbas al riesgo constante de descubir nuevos mundos?
- UNO: (Girando, enfrenta con la mirada a DOS). ¿Qué nos queda desde nuestra inmensa pequeñez, en nuestra pequeña inmensidad?.
(Como en una letanía repiten las preguntas mientras van bajando del escenario, uno por izquierda y otro por derecha).
- DOS: ¿Quién preferirá, entonces, la fría y húmeda seguridad de las catacumbas al riesgo constante de descubir nuevos mundos?
- UNO: ¿Qué nos queda desde nuestra inmensa pequeñez, en nuestra pequeña inmensidad?.
(Se acercan al público, eligen a alguien y se lo quedan mirando fijamente a través de la máscara blanca. Voz en off repitiendo el bando del rey. Se sacan las máscaras y besan a la persona que tienen frente y luego a otros al azar. El bando se repite indefinidamente. Lentamente suben al escenario uno por cada lado. Apenas suben se registran y se van acercando con paso tranquilo y mirándose a los ojos. En el trayecto dejan caer las máscaras que sostenían en sus manos. Se enfrentan. Se toman las manos y se tocan como reconociéndose. Sin dejar de mirarse, y mientras la voz en off baja hasta hacerse inaudible, sus bocas se buscan...).
APAGON Y FINAL.
No soy más que el vagón de un tren que en la década del sesenta se tambaleaba, llegando, sobre ese río a orillas de la ciudad de Necochea. Los primeros acordes de la música de Piazzola me vuelve a llevar a quién soy. Las palabras de mi abuela Sara, un libro encontrado por azar, Cris, la escritura tambaleante, mis hijos, el descubrimiento de Dios.
Acerca de Mí